Mi historia

Caer, reconstruirse y crear.

No cuento esto para impresionarte. Lo cuento porque lo que aprendí desde el suelo hoy me sirve para construir negocios.

01

El barrio

Observar para no ser presa.

Crecí en Peralvillo, en la Ciudad de México. Tras el terremoto perdimos nuestra casa y llegamos a una vecindad donde no encajábamos.

En el barrio, si te ves débil te vuelves invisible o presa. Aprendí a observar quién dominaba la calle y quién bajaba la mirada. Esa fue mi primera lección de negocios.

Anécdota

Mi primera venta fue una caja de mazapanes en los semáforos. Ese día no vendí dulces; logré que me compraran un momento. Hoy lo sigo diciendo: “yo no vendo, hago que me compren”. Aquella noche, cuando me quitaron lo que había comprado para mi madre, ella no me sermoneó. Me preparó un taco de papas con cacahuate, y me supo a gloria. Ahí aprendí que cuando el plan principal falla, un líder improvisa con lo que queda para mantener vivo el espíritu.

Fachada de edificio en blanco y negro con líneas geométricas

02

El ascenso

Un rascacielos sobre arena movediza.

Escalé posiciones, ocupé puestos directivos y manejé presupuestos que aquel niño de los mazapanes jamás habría imaginado.

Pero mientras construía sistemas para otros, mi propia arquitectura se desmoronaba. Llegué a pesar 186 kilos. Ignoré el cansancio, la falta de aire y las señales de alerta. Mi cuerpo ya no podía sostener mis ambiciones.

03

La caída

Tres horas en el suelo.

Septiembre de 2014, Querétaro. Acabábamos de mudarnos a una casa nueva, en vísperas de las fiestas patrias.

Al jalar una caja de cartón, el asa se rompió. Di un paso atrás y no había piso. Caí por las escaleras, me rompí las piernas, intenté levantarme por pura soberbia y caí otro piso más.

Pasé tres horas en el suelo, bajo una lluvia que retrasaba todas las sirenas, viendo los rostros de mi esposa, mis hijas y mi suegra. Tuvieron que usar equipo especial para rescatarme.

Hombre subiendo una escalera monumental entre columnas, en blanco y negro

“Si quería volver a caminar, tenía que dejarme ayudar.”

04

La mano izquierda

Manos sobre un teclado, en blanco y negro

“Ya sé que no eres zurdo. Pero es lo que tienes. Úsalo.”

Mi esposa me dio diez días para el drama. Al día once me acomodó las almohadas, puso una mesa sobre mis piernas, colocó mi computadora y me puso el mouse en la mano izquierda.

Esa frase se volvió el algoritmo de mi reconstrucción.

Durante ocho meses mi horizonte fueron cuatro paredes. Aprendí a hablarme como estratega y no como víctima, y a celebrar pequeñas victorias, como mover el cursor un centímetro.

05

De 186 a 110

Ingeniería de un cuerpo nuevo.

Bajar de peso no fue un objetivo estético. Fue una auditoría de supervivencia.

Traté mi cuerpo como una empresa en crisis: eliminé lo que no aportaba valor, convertí cada esfuerzo en inversión y medí mi progreso a diario. No lo logré por ganas; lo logré con un sistema.

06

La cubeta de LEGO

De mi cama nació Interdata.

En esos meses vi que las empresas sufren de “obesidad operativa”: sistemas pesados, rígidos y desconectados que colapsan ante el menor cambio.

Decidí que no construiríamos software monolítico, sino una cubeta de LEGO: piezas modulares que se ensamblan según lo que cada persona necesita. Así nacieron las plataformas de Interdata y, en 2025, Kaelia, la inteligencia que ayuda a ensamblarlas.

07

Hoy

El suelo no fue el final.

Hoy dirijo Interdata, enseño lo que aprendí y sigo caminando. Mi convicción no cambió: no es magia, es acción.

“Este libro no es para que me admires; es para que te levantes.”

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